¿Se pueden cambiar las emociones?

Las emociones cambian cuando las sensaciones de tu cuerpo cambian.

“Entonces… si mis emociones ahora no “me gustan” o “no me hacen bien”, ¿puedo cambiarlas?️” Sí, puedes, pero no vayas tan rápido. Lo conocemos todos aunque a veces lo hayamos conseguido sin darnos cuenta, sin ser conscientes de ello. Es ese… “qué bien me ha sentado ir a correr, o este bailecito”. O mucho menos, sales sin más a la calle y vuelves después de haber estado unas horas encerrado en casa o en la oficina, o todavía mucho menos, simplemente estirarte,  un estornudo, un bostezo o un mirar hacia arriba. Nuestro cuerpo lo hace inteligentemente de manera inconsciente para liberar tensiones.

Las emociones viven retenidas en nuestra musculatura, que se tensó en un momento determinado hoy y además se ha ido tensando durante nuestra vida. Es ese “niño, no llores”, y para no llorar (porque si no mis padres no me quieren), los lagrimales se cierran, los pómulos les ayudan, la mandíbula se tensa, la garganta traga y ahoga y los hombros se suben y tensan encorvando la espalda hacia adelante, entre otras cosas… El estímulo, no solo viene de fuera, sino de nuestra propia mente también, influyen muchos factores.

El problema es, que vivimos tan desconectados de nuestras sensaciones corporales, que no escuchamos los susurros del cuerpo y muchas veces lo hacemos ya cuando grita, es decir, cuando duele mucho física o emocionalmente.

Importante, para un autoconocimiento profundo y duradero, que nos lleve a sentirnos libres emocionalmente es incluir la escucha del cuerpo, la inteligencia corporal como parte fundamental de nuestro desarrollo tanto físico como emocional.

Y en un primer paso, lo importante NO es:

  1. “cambiar” lo que estés sintiendo para “sentirte mejor”,
  2. aprendes ese mecanismo y
  3. lo repites siempre que lo necesites,

sino, aprender a PERCIBIR.

Percibir significa dar significado a una sensación corporal. Para ello debemos expresarla, llevarla a la mente, ponerle palabras.

La sensación aparece por la tensión retenida en la musculatura como consecuencia de una emoción no expresada. Aquí, la palabra clave es “musculatura”, que nos da las pistas de por dónde va esto. Es decir, entre la emoción y la sensación está el músculo, el motor del movimiento.

Tu brazo está quieto y ni te das cuenta de que está ahí, ¿cómo consigues una sensación en tu brazo? Moviéndolo. Haz la prueba. El movimiento es el camino para expresar las emociones a través de las sensaciones corporales y tu cuerpo lo va a buscar a la fuerza si no aprendes a destensarlo dosificadamente y con consciencia, por eso es importante escuchar cuando el cuerpo susurra, para ir destensando esos susurros y que no se conviertan en gritos.

El movimiento nos hace expresarlas, estando atentos al cambio de estado nos ayuda a darle un significado y ponerle palabras. En este punto es cuando hemos aprendido a percibir y empieza la transformación.

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