¿El cuerpo habla?

El cuerpo habla, sí, los bebés lo escuchan y reaccionan a cada sensación, expresan,  pidiendo que algún adulto pueda entender lo que ellos han entendido pero no saben articular con palabras. Lo que obtienen es un callaaa, no llores…shhhh… y ahí es cuando empieza el mecanismo de negación, no llores, no expreses, no sientas… no debes sentir eso… y el cuerpo de esfuerza por retener esas lágrimas, se tensan los músculos de la garganta, las mandíbulas, los labios, la nariz, los pómulos y los lagrimales… y cuando el niño grita de alegría con sus amigos, se le vuelve a decir que molesta. Así una y otra vez, a lo largo de toda nuestra vida, en momentos más o menos espectaculares que pasan o no desapercibidos y que incluso nos los generamos nosotros mismos. Y así, resultan adultos cuyos rasgos faciales muestran tristeza, por ejemplo, porque sus músculos han vivido sosteniendo una tensión de la que nadie ha sido consciente y aprendiendo a percibirla y expresarla, podría ser liberada.

Entre la sensación y la percepción está la musculatura, solo podemos tener una sensación a través de un movimiento, lo que se mueve, se siente,  haz la prueba, mueve tu brazo, y entonces lo sentirás. Aprieta el puño, te acostumbrarás y cuando lo sueltes tras un rato, notarás la tensión, el dolor que antes no sentías. Si a ese dolor eres capaz de darle un significado consciente, entonces estás percibiendo tu cuerpo. Esto es lo que pasa con muchos dolores, resultan al destensar la musculatura que estaba contraída durante mucho tiempo sin que nos diéramos cuenta.  

Por eso es tan importante tener un movimiento propio (danzar, bailar sin pasos aprendidos), porque tu cuerpo nunca se podrá mover igual que el mío, por la sencilla razón de que nuestra historia es distinta y las emociones que nuestro cuerpo ha ido reteniendo a lo largo de ella son distintas. A medida que vayas soltando las tensiones, esos recuerdos que están guardados en nuestro cuerpo, adquirirás más libertad, más movilidad, te desharás de mochilas del pasado y el bienestar estará integrado. Para ello, es importante que aprendas a expresar lo que se está “moviendo” en tu interior, las sensaciones que vas teniendo, dándoles un significado. 

Esa es la diferencia entre simplemente bailar sintiendo sus beneficios pero sin ir más allá,  que, muy diferente, moverte con tu propio movimiento, sentir lo que el movimiento y la música están haciendo emerger a través de tu cuerpo y en una siguiente etapa, darle un significado.

Otra forma de conocer nuestros límites corporales e investigar en ellos es por imitación. En este modo, forzamos a nuestro cuerpo a salir de sus movimientos familiares, conocidos, y se encuentra con bloqueos, espejos, comparaciones, curiosidad… sensaciones poco habituales que hacen emerger otra clase de barreras, creencias y sensaciones que mucho tienen que ver con el estado emocional y mental de esos momentos. No es lo mismo imitar comparándose por rivalidad, que por empatía, por ejemplo o por admiración… Lo interesante es investigar tus percepciones durante la imitación.

Estoy aquí para ayudarte a recuperar nuestra habilidad innata de escuchar a nuestro cuerpo e integrarla en tu día a día, recuperar el equilibrio cuerpo-mente que probablemente, como a mí, la educación, esta sociedad en la que hemos crecido no ha sabido enseñarnos a conseguir, devolviéndole al cuerpo su lugar fundamental en tu vida.  Nuestros hábitos, nuestro ritmo de vida, podemos modificarlos imponiendo o aprendiendo patrones, que funcionarán por un tiempo, soluciones que funcionan para otros y las queremos para nosotros, encontradas en libros o cursos, pero es realmente cuando están en coherencia con lo que sientes, que podrán aportar un beneficio a tu vida.

Tu cuerpo, es el mejor guía que podrás encontrar para ti, trabajando en equipo con la mente, pero no por debajo de ella. Ahí están las respuestas. Ponle cuerpo a tu vida.

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